Con un nudo en la garganta que me oprime hace tres días y una noche, que casi me impide respirar, accedí aquí con miedo, con temor, con la certeza de qu eme iba a doler encontrar lo bueno.
Me ha dejado sin palabras ver que d el aúltima entrada hace un mes, un simple mes, y que aquéllo era un vaticinio d elo que hoy es:
NO ESTOY PARTIDA EN DOS, ESTOY PARTIDA EN MIL.
Y SÓLO PORQUE DE TI HA SIDO IMPOSIBLE RETIRARME A TIEMPO.
Lo sabía, lo sentía, lo intuía... pero nunca esperé esto.
En estos 30 días, fines de semana conjuntos, planes, futuros, regalos, sueños, sexo, de nuevo casi amor, promesas, tu casa, unos cuartos de final del mundial abrazados en tu sofá, mis palabras torpes para decirte que me encaminé a ti para decirte que no sabía ya lo que quería, que te quería pero que no quería dolor opaco ni amores que no mataran, intenciones previas de querer, al menos, poner en palabras que no estábamos juntos como coraza para protegerme de la distancia y la últimamente mayor dejadez... esto mientras me acunabas en tus brazos, mientras me preparabas la cena, me follabas, me hacías el amor, me recordabas lo especial que soy para ti y me devolvías al Eme de siempre, del qu eme enamoré.
Y una semana después, el reencuentro, la noche de copas extenuante, rara, genial y peligrosa, de nuevo en tu espacio, esta vez con mis amigos. Y los abrazos, ekl baño en el río, tu eyaculación en mí sin protección, la breve conversación con tu hijo, la primera que he tenido con él, y... la distancia, esta vez real y no sólo kilométrica.
Algo se ha roto, pero se ha roto en tantos trozos que no creo que pueda arreglarse... y entre ese algo en esquirlas pequeñitas, busco y rebusco mi autoestima, mi seguridad, mi sonrisa, la belleza.
El sábado por la noche, y sigo sin saber qué fue lo que lo causó, llegué y eras otro. Silencio disfrazado entre la algarabía d ela fiesta, ni siquiera me miraste a los ojos.
Yo volví el domingo, y, ante tus no señales de vida, un simple sms: Me voy. Cuídate mucho.
Te vi de lejos, en el coche.
Ya en mi mundo, otro mensaje: sabía que este mundial sería recordado siempre, y tú formas parte de ese recuerdo.
Poe tu parte, nada.
Por la mía, mezcla explosiva de miedo, duda, incomprensión y dolor. Rabia, lágrimas, más dolor. La puta culpa, el pensar qué ha podido pasar, qué he hecho mal, alternado con el sabio consejo de mi amiga: tú no has hecho nada, eso tenlo claro.
Se me escapa qué ha pasado, y eso es lo que más me descoloca: siempre necesito entender.
Como colofón, llamaste a mi amiga ofreciéndola un plan para este fin de semana que intentábamos tú y yo con ellos hace mucho. A mí, ni señales.
Te llamé.
Con un tono educadísimo, me clavaste un puñal en el centro del pecho: es que en este momento no me pillas muy bien. Cuelgo y te escribo: necesito -me gustaría- saber qué ha pasado, así que me gustarí aque me llamaras. De eso hace casi 24 horas.
A ella, qu ete llamó más o menos a la vez, le devilviste la llamada. Ella piensa que es amor, que ve qu eme pierdes y que por eso te proteges en el silencio, en la distancia.
Yo sé que no: yo sé que alguien se ha encargado d eenmierdar esto y tú, -qué decepción-, has escuchado si n darme a mí siquiera la oportunidad de expresarme. Eso o que algo qu ehice, no sé qué, te molestó tremendamente.
Siempre pensé, de hecho el sábado lo hablé contigo, qu epodríamos ser especiales, amigos para siempre en el verdadero sentido, con o sin sexo, con o sin futuro conjunto.
Jamás, nunca, nunca, pensñé que tú me dolerías así, en esta distancia, en este silencio, en este darte igual mi petición, en este obligarme a un ostracismo que me destroza el recuerdo, todo lo bueno, todo lo que creí de ti...
¿POR QUÉ?
Sólo querría que me respondieras a eso, aunque no entendiera tus razones.
Te he querido: mucho.
Me has querido: mucho.
Puede qu enos hayamos querido mal.
Tan mal que el aire me asfixia...
miércoles, 14 de julio de 2010
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