Pero no llegó el fin.
Contra todo pronóstico, hemos pasado tres fines de semana juntos, hablamos mucho de nuevo (aunque no sea tanto como antes, cuando todo era casi enfermizo) y estamos tan cómodos juntos que hemos decidido dejar los reproches, los malentendidos y a los cabrones al margen.
Al menos por ahora.
Y, mientras dura este ahora, aprendo, a pasitos cortos, a disfrutar de lo bueno sin desesperarme cuado no estás.
jueves, 24 de noviembre de 2011
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