miércoles, 10 de febrero de 2010

Besos.

Mañana viene Eme. Hace un mes y seis días que no lo hace, y aunque pasé con él todo el fin de semana, (en su espacio¨), tengo intactas las ganas de él.
Eme siempre dice que donde más agusto está conmigo es en mi casa.
Mañana será una tarde de recorrernos con el ansia habitual.
Mañana volverá a quemársenos la comida mientras los besos pendientes e infinitos me sacian mi necesidad de azúcar.
Casa bien, pese a todo, el chocolate con la pimienta, con este ligero toque amargo que me pellizca al final en la garganta, recordándome que, después, recorrerás otros 300 kilómetros para volver a esa rutina tuya que cada vez me jode más...
hoy prefiero besos de chocolate con leche, dulces, dulces, muy dulces, sin regusto amargo... pero mientras sean tuyos, por hoy, me quedo con estos.

domingo, 7 de febrero de 2010

También tiene la luz su envés de sombra...

Empecé a desnudarme, con mi celulitis incluida, en esta entrada, y cuando lucía impúdica mi michelín, se borró su contenido.
Así que vuelvo a empezar, pero ya no es lo mismo... me resulta muy fácil tirar de camiseta o de vestido, pasearme desnuda frente a ti, siempre que no lo piense o que un espejo no se cruce en mi camino jodiéndome la naturalidad y el ánimo...

antes de que el pudor en forma de error informático se cargase lo escrito, hablaba de que este finde ha sido la prueba de fuego, puesto que he subido a celebrar la fiesta de la luz a los lares donde Eme tiene la casa de mis sueños, esa que hemos compartido las pocas veces que hemos podido, esa que en noches sin luna sigo soñando conjunta y compartida...
y esos lares donde conocí a Eme y empecé a desconocerme a mí misma, han sido siempre lugares de excesos sobre todo alcohólicos.
Por eso temía no lograr controlarme, no poder ser yo (como soy yo allí) sin cuatro copas de más y un atracón hipercalórico.
Sin embargo, ya ves, contra pronóstico, ni una sola copa, ni un mal botellín tan siquiera, han aderezado estos dos días.
Supongo que la causa es clara: tuve a Eme en mi cama las dos noches y buena parte de las horas de sus días, y cuando él está a mi lado no necesito de otros excesos.
No sé aún cual será el resultado de este peréntesis que más que luz, pese a todo, creo que ha traído sombras... cada vez me vale menos tenerte de a pocos, a ratines, según exigencias del guión.
Se han dado todas las carambolas necesarias para que pudiéramos recorrernos de viernes a domingo, asirnos uno al otro, saborearnos sin prisa.
Pero (siempre hay un pero en mi vida...) he recorrido los 355 kilómetros de vuelta llorando sin parar para volver a esta mi rutina en la que Eme no está sino como una voz en el teléfono, una añoranza constante y que cada vez duele más.
Sé que he desperdiciado momentos con reproches sin palabras, siento que algo se ha roto entre nosotros por mi culpa aderezada con cocacolas light, y sé, pese a todo, que me prefiero gorda y excesiva pero feliz a su lado, que como he sido estos días, controlada, equilibrada y cargada de silencios y entredichos.
Pero ya ves, hoy soy así, y quiero que me quieras como soy, que me abraces sin preguntas, que me acunes sin respuestas...
Una vez me dijiste que me quieres como soy, y para animarme en mis fracasos con la báscula acertaste a verbalizar que delgada sólo me querrías igual, incluso puede que un poco menos... de eso hace ya unos meses y unos cuantos kilos, y ya no sé qué es lo que yo quiero...

miércoles, 3 de febrero de 2010

Poco que dice mucho.

Tras una semana y pico de disciplina férrea, atestón de chuches.
Te busco en los regalices.
Y te encuentro en la indignación posterior.