Empecé a desnudarme, con mi celulitis incluida, en esta entrada, y cuando lucía impúdica mi michelín, se borró su contenido.
Así que vuelvo a empezar, pero ya no es lo mismo... me resulta muy fácil tirar de camiseta o de vestido, pasearme desnuda frente a ti, siempre que no lo piense o que un espejo no se cruce en mi camino jodiéndome la naturalidad y el ánimo...
antes de que el pudor en forma de error informático se cargase lo escrito, hablaba de que este finde ha sido la prueba de fuego, puesto que he subido a celebrar la fiesta de la luz a los lares donde Eme tiene la casa de mis sueños, esa que hemos compartido las pocas veces que hemos podido, esa que en noches sin luna sigo soñando conjunta y compartida...
y esos lares donde conocí a Eme y empecé a desconocerme a mí misma, han sido siempre lugares de excesos sobre todo alcohólicos.
Por eso temía no lograr controlarme, no poder ser yo (como soy yo allí) sin cuatro copas de más y un atracón hipercalórico.
Sin embargo, ya ves, contra pronóstico, ni una sola copa, ni un mal botellín tan siquiera, han aderezado estos dos días.
Supongo que la causa es clara: tuve a Eme en mi cama las dos noches y buena parte de las horas de sus días, y cuando él está a mi lado no necesito de otros excesos.
No sé aún cual será el resultado de este peréntesis que más que luz, pese a todo, creo que ha traído sombras... cada vez me vale menos tenerte de a pocos, a ratines, según exigencias del guión.
Se han dado todas las carambolas necesarias para que pudiéramos recorrernos de viernes a domingo, asirnos uno al otro, saborearnos sin prisa.
Pero (siempre hay un pero en mi vida...) he recorrido los 355 kilómetros de vuelta llorando sin parar para volver a esta mi rutina en la que Eme no está sino como una voz en el teléfono, una añoranza constante y que cada vez duele más.
Sé que he desperdiciado momentos con reproches sin palabras, siento que algo se ha roto entre nosotros por mi culpa aderezada con cocacolas light, y sé, pese a todo, que me prefiero gorda y excesiva pero feliz a su lado, que como he sido estos días, controlada, equilibrada y cargada de silencios y entredichos.
Pero ya ves, hoy soy así, y quiero que me quieras como soy, que me abraces sin preguntas, que me acunes sin respuestas...
Una vez me dijiste que me quieres como soy, y para animarme en mis fracasos con la báscula acertaste a verbalizar que delgada sólo me querrías igual, incluso puede que un poco menos... de eso hace ya unos meses y unos cuantos kilos, y ya no sé qué es lo que yo quiero...
