miércoles, 17 de marzo de 2010

De repente un día te levantas y todo ha cambiado.
Aquello que te parecía inamovible e incuestionable, imbuido de una verdad extrema y descarnada e incluso eterno, empieza a desdibujarse.
Te vas diluyendo entre tus quehaceres múltiples, tu vorágine incontrolable y tus principios de dejadez.
Ya ves, al final, el nuevo móvil complicadísimo, la vena de tu jefe, las inundaciones, el cambio de despacho y las matemáticas de tu hijo van a lograr lo impensable: que me desenganche de ti.
Confirmo hoy que todo al final es circunstancial y casual: este mes sin verte me ha llevado a abrir horizontes, a dejar entrar a un otro incipiente que hace que te relativice.
Que te quise tremendamente es indudable, demostrado queda.
Que estoy empezando a dejarte de querer de esa manera que tanto me dolía, creo que empieza a ser otra evidencia.
Y no es rabia, cabreo, pataleta o revancha, sólo es que empiezo a no necesitarte para respirar, lo que ya es mucho.

lunes, 15 de marzo de 2010

Creo que hoy te quiero un poquito menos.
Y cuando eso pasa, cuando creo que pasa (y al final sucede lo que creemos que sucede), me quiero un poco más.
El lunes pasado tu recurrente ausencia de los últimos tiempos me hizo desear fervorosamente y verbalizar por primera vez que quería un hijo, y no un hijo cualquiera, sino uno tuyo.
Hoy, una semana después, creo que puedo acostumbrarme a esta vorágine actual tuya que nos distancia, y que, pese a tus negaciones, indica claramente cambio y huele a fin... a fin o, al menos, a algo distinto...
si quiero o no quiero, si puedo o no puedo acostumbrarme a que tú ya no me necesites fervorosamente (no dudo que me sigas queriendo), lo iremos viendo...
hoy la voluble señorita piensa que sí, que quizá sea capaz de restar afectos y conservar un sexo fantástico,... mañana es probable que lo dude.
600 míseros gramos menos.
Será la autoestima, que se me escapa por cada poro...
Estoy harta de ser yo y TUS circunstancias, pero aún no estoy preparada para dejar de quererte.

viernes, 12 de marzo de 2010

Escrito para no poder pensar que nunca lo sentí.

Hoy, por primera vez verbalizado, quiero una casa con niños corriendo y un perro.
Tengo la casa y el perro.
Me dice una amiga que el resto pude tenerlo y no lo quise.
Hoy me muero por "una vida normal"... muero por ti, por ti a mi lado, por ti como el padre de mis hijos, Candela y Román.

lunes, 8 de marzo de 2010

Reglette regime