Creo que hoy te quiero un poquito menos.
Y cuando eso pasa, cuando creo que pasa (y al final sucede lo que creemos que sucede), me quiero un poco más.
El lunes pasado tu recurrente ausencia de los últimos tiempos me hizo desear fervorosamente y verbalizar por primera vez que quería un hijo, y no un hijo cualquiera, sino uno tuyo.
Hoy, una semana después, creo que puedo acostumbrarme a esta vorágine actual tuya que nos distancia, y que, pese a tus negaciones, indica claramente cambio y huele a fin... a fin o, al menos, a algo distinto...
si quiero o no quiero, si puedo o no puedo acostumbrarme a que tú ya no me necesites fervorosamente (no dudo que me sigas queriendo), lo iremos viendo...
hoy la voluble señorita piensa que sí, que quizá sea capaz de restar afectos y conservar un sexo fantástico,... mañana es probable que lo dude.
