De ti es imposible retirarse a tiempo.
El día que me parta en dos me acordaré de ello.
lunes, 14 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
Llega un momento en que no puedes seguir mintiendo(te).
Acabo de colgar contigo...
en otro momento, estaríamos juntos en tu cama, ya que de nuevo este fin de semana has subido solo: hasta ahora, siempre que eso pasaba intentabas que yo hiciera malabares para, ¡tachán!, aparecer allí como por arte de magia.
No sé si nos estamos encargando de mitigar esa magia, de agitar poco la varita o de ser más sensatos, el caso es que, a la vez que me dices que te morirías porque estuviera allí, me cuentas que es imposible que tú vinieras por tus obligaciones laborales de mañana, y que mañana tampoco puedes por las posibles obligaciones del domingo.
Este fin de semana, que iba a ser de matemática y madera, al final no lo es, pero tampoco es mío.
Sigues planeando conmigo y soñando conmigo, pero ya no te esfuerzas, no haces posible lo imposible, y esa era tu principal virtud...
te lo he dicho: no voy a volver a decírtelo.
Si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Y cruzo los dedos, y rezo a mi dios ateo, y piso sobre las rayas de las baldosas: vuelve, vuelve, vuelve.
Acabo de colgar contigo...
en otro momento, estaríamos juntos en tu cama, ya que de nuevo este fin de semana has subido solo: hasta ahora, siempre que eso pasaba intentabas que yo hiciera malabares para, ¡tachán!, aparecer allí como por arte de magia.
No sé si nos estamos encargando de mitigar esa magia, de agitar poco la varita o de ser más sensatos, el caso es que, a la vez que me dices que te morirías porque estuviera allí, me cuentas que es imposible que tú vinieras por tus obligaciones laborales de mañana, y que mañana tampoco puedes por las posibles obligaciones del domingo.
Este fin de semana, que iba a ser de matemática y madera, al final no lo es, pero tampoco es mío.
Sigues planeando conmigo y soñando conmigo, pero ya no te esfuerzas, no haces posible lo imposible, y esa era tu principal virtud...
te lo he dicho: no voy a volver a decírtelo.
Si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Y cruzo los dedos, y rezo a mi dios ateo, y piso sobre las rayas de las baldosas: vuelve, vuelve, vuelve.
viernes, 11 de junio de 2010
jueves, 10 de junio de 2010
Méritos (o nostalgias).
Si te he querido por algo (1), si te sigo queriendo por algo, es por cómo logras que sea contigo, por la naturalidad con la que ves todo lo que hago, sin que tenga la necesidad o la obligación de sentirme estúpida, vulnerable, compulsiva, celosa o puta.
Eres capaz, o más bien contigo soy capaz, de expresar mis deseos más inconfesables... de volverme tierna, llorar, verbalizar que sin ti me falta el aire, decir tequiero sin complejos y planear futuros conjuntos. A la vez, con tu natural forma de verlo todo, de entenderlo todo, de aceptarlo, asumirlo y vivirlo, logras ponerme lo suficientemente cachonda con tus viciosilla, capulla o demás apelativos como para que no resulte raro parar el coche en medio de una autovía en una noche cerrada para echar un polvo feroz, o seguir comiéndote la polla con fruición mientras ella te llama.
Contigo he logrado ser capaz de mandar milsetecientosveintitres mensajes seguidos sin parecer pesada, remarcar tu número nada más colgar para volver a terminar con la batería del móvil que te prestaron cuando se acabó la tuya tras cuatro horas de conversación, decir lo que se me pasa por la cabeza sin pensar si es o no oportuno o inteligente... capaz de pedirte lo que sexualmente me apetezca por peregrino que parezca, de contarte todas y cada una de mis fantasías sexuales, de ser tan explícita como para que nuestro sexo telefónico cuando la habitual distancia manda sea de una calidad increíble... capaz de romper todos mis planes y huir hacia ti devorando kilómetros en cuanto se ha dado la oportunidad.
Y si todo esto ha sido posible, es porque tú también lo has hecho: aparecer en medio de la noche tras recorrerte casi 400 kms sólo para darme un abrazo, buscar excusas inverosímiles para verme, llamarme para, al borde del llanto, susurrarme un te quiero estremecedor, hacerte fotos hipercomprometidas, llevarme a todos tus sitios pese a los riesgos, presentarme a tus amigos, poner nombre a la hija que probablemente nunca tendremos, follarme como sólo tú sabes hacerlo, hacerme el amor despacio cuando lo necesito, contarme tanto que nadie más sabe, pedirme que lo llore todo y abrir mi caja de pandora...
Contigo todo resulta tan fácil que me da pena que lo estemos dejando pasar...
(1): Bonita, ¿no habíamos quedado tú y yo, después de muchos y arduos años de razonamientos, en que el amor no es cuestión de méritos? Vaaaaale, me permito esta concesión, aunque puede que realmente lo que quiera decir con "sitehequeridoporalgo" es más bien que lo que narro me vale para "justificar" quererte... pero esa es ya otra historia...
Eres capaz, o más bien contigo soy capaz, de expresar mis deseos más inconfesables... de volverme tierna, llorar, verbalizar que sin ti me falta el aire, decir tequiero sin complejos y planear futuros conjuntos. A la vez, con tu natural forma de verlo todo, de entenderlo todo, de aceptarlo, asumirlo y vivirlo, logras ponerme lo suficientemente cachonda con tus viciosilla, capulla o demás apelativos como para que no resulte raro parar el coche en medio de una autovía en una noche cerrada para echar un polvo feroz, o seguir comiéndote la polla con fruición mientras ella te llama.
Contigo he logrado ser capaz de mandar milsetecientosveintitres mensajes seguidos sin parecer pesada, remarcar tu número nada más colgar para volver a terminar con la batería del móvil que te prestaron cuando se acabó la tuya tras cuatro horas de conversación, decir lo que se me pasa por la cabeza sin pensar si es o no oportuno o inteligente... capaz de pedirte lo que sexualmente me apetezca por peregrino que parezca, de contarte todas y cada una de mis fantasías sexuales, de ser tan explícita como para que nuestro sexo telefónico cuando la habitual distancia manda sea de una calidad increíble... capaz de romper todos mis planes y huir hacia ti devorando kilómetros en cuanto se ha dado la oportunidad.
Y si todo esto ha sido posible, es porque tú también lo has hecho: aparecer en medio de la noche tras recorrerte casi 400 kms sólo para darme un abrazo, buscar excusas inverosímiles para verme, llamarme para, al borde del llanto, susurrarme un te quiero estremecedor, hacerte fotos hipercomprometidas, llevarme a todos tus sitios pese a los riesgos, presentarme a tus amigos, poner nombre a la hija que probablemente nunca tendremos, follarme como sólo tú sabes hacerlo, hacerme el amor despacio cuando lo necesito, contarme tanto que nadie más sabe, pedirme que lo llore todo y abrir mi caja de pandora...
Contigo todo resulta tan fácil que me da pena que lo estemos dejando pasar...
(1): Bonita, ¿no habíamos quedado tú y yo, después de muchos y arduos años de razonamientos, en que el amor no es cuestión de méritos? Vaaaaale, me permito esta concesión, aunque puede que realmente lo que quiera decir con "sitehequeridoporalgo" es más bien que lo que narro me vale para "justificar" quererte... pero esa es ya otra historia...
miércoles, 9 de junio de 2010
Espejismos reales.
Una partida de billar, la primera de mi vida, en la que me dejaste ganar aunque digas lo contrario. Carambolas no sólo en esa mesa que permitieron que las mariposas volaran libres de nuevo por mi estómago.
La primera tarde, intensa, llena de escenarios repetidos, de terraza en el pueblo de la tragedia, de cervecita en la muralla, recorridos de bares, besos públicos, ponnos otra, berrear a dúo nuestras canciones de Sidecars ondenado los dos las manos por la ventanilla, o la otra, en este caso tu derecha y mi izquierda, sobre la palanca de cambios. Tus elles perfectamente pronunciadas, los localismos que me enseñas, nuestras muletillas compartidas. Por fin los pinchos morunos dos años después, poco picantes y aderezados por una conversación serena, relajada y cómoda en la que dejas salir al Eme de verdad, al que sólo eres conmigo. Un abrazo intenso y muchas ganas.
Cigarros a medias que siempre me encendías y que volviste a prender, vuestra caja de puritos, conducir tu coche (elpieizquierdopaatrás!), mis amigos los pescadores, tu mevoyalacamayaquemañanacurro y quedarte dos copas más, el ¿bailas? y el échameamílaculpaaaaaaaaaaaaaaaadeloquepaseeeeee... el invitarme a tu casa cuando terminara la juerga de la guitarra, dejándome la cancela abierta y las llaves puestas (se enganchan un poco...)... a penas un par de horas para levantarnos cuando llegué, el sexo intenso, salvavidas... me tocas como no me toca nadie, me follas como nadie sabe hacerlo: cuatro orgasmos bajo las estrellas que se colaban por la ventana de encima de tu cama, de esa que en esos momentos quiero compartir siempre... susurrarme al oído que me quieres y dormir abrazados hasta que una hora después suena el despertador.
La ducha rápida, el corzo (era "a") entre los robles, las prisas, un vaso de leche, la resaca intensa, la sonrisa imborrable.
Preparar la nevera de camping, nuestras cervecitas, los vasos para el vino -cómo no, rompí uno antes de salir-, la hogaza de pan (qué rico, qué bien sabe esa tierra...), las sillas de tu jardín, tu chupa, la navaja de Taramundi... todo preparado para, nada más llegar tu amigo (¡anda, qué sorpresa! me alegro de verte, ¿te vienes?) subirlo todo al 4x4 y tirar para la sierra.
Los baches, el camino largo, las risas, el sueño que intenta vencerme, mis fotos, los neveros, el toldo que montamos, el libro de carteles de toros, las puestas al día, el montaje, las comunicaciones, el almuerzo de jamón, chorizo, queso y tortilla, las cervezas, un porrito... cogerte la mano y saber que si la felicidad no es eso, se parece mucho.
Un par de fotos conjuntas, abrazados, en los lugares que siempre quisiste enseñarme: como si pudiese ser normal que estemos juntos, como si fuera raro lo contrario.
Siete horas después, la vuelta, la nieve de los atajos, bajarnos del coche y liarnos a bolazos, los habones de la comida, las llamadas de control, el tener que resolver una emergencia mientras yo veía a mis amigos.
Y después, el agotamiento que surge, te quedas en casa, te tiras en la cama y dices que me esperas allí, por una vez nos puede el sentido común y nos permitimos el lujo de desaprovechar la noche conjunta, me voy a casa de mis amigos, como si el tiempo y el espacio comunes no fuese precisamente de lo que más carecemos, como si no pasase nada por no dormir juntos una noche, porque tuviéramos el resto de nuestras vidas para hacerlo.
Y el domingo, como siempre, el nudo que me ahoga, el desyuno conjunto, echar gasolina, el río, tirar piedras, besarnos con necesidad, en este caso hacer el amor, abrazarnos, decirnos de nuevo adiós... dejar planes pendientes (el paseo en quad, ver la obra que estás haciendo en el doblao y que no vi por tanta prisa, una escapadilla que al final no haremos, la mañana tirados en las hamacas de tu jardín que ese domingo dejamos escapar porque tu hijo te esperaba para echaros a la matemática...) y emprender, cada uno, el camino que nos lleva a nuestra rutina, a nuestro supuesto sitio, a lo que, a fin de cuentas, constituye nuestra vida, esa vida que se hace mucho más intensa cuando estamos juntos.
La primera tarde, intensa, llena de escenarios repetidos, de terraza en el pueblo de la tragedia, de cervecita en la muralla, recorridos de bares, besos públicos, ponnos otra, berrear a dúo nuestras canciones de Sidecars ondenado los dos las manos por la ventanilla, o la otra, en este caso tu derecha y mi izquierda, sobre la palanca de cambios. Tus elles perfectamente pronunciadas, los localismos que me enseñas, nuestras muletillas compartidas. Por fin los pinchos morunos dos años después, poco picantes y aderezados por una conversación serena, relajada y cómoda en la que dejas salir al Eme de verdad, al que sólo eres conmigo. Un abrazo intenso y muchas ganas.
Cigarros a medias que siempre me encendías y que volviste a prender, vuestra caja de puritos, conducir tu coche (elpieizquierdopaatrás!), mis amigos los pescadores, tu mevoyalacamayaquemañanacurro y quedarte dos copas más, el ¿bailas? y el échameamílaculpaaaaaaaaaaaaaaaadeloquepaseeeeee... el invitarme a tu casa cuando terminara la juerga de la guitarra, dejándome la cancela abierta y las llaves puestas (se enganchan un poco...)... a penas un par de horas para levantarnos cuando llegué, el sexo intenso, salvavidas... me tocas como no me toca nadie, me follas como nadie sabe hacerlo: cuatro orgasmos bajo las estrellas que se colaban por la ventana de encima de tu cama, de esa que en esos momentos quiero compartir siempre... susurrarme al oído que me quieres y dormir abrazados hasta que una hora después suena el despertador.
La ducha rápida, el corzo (era "a") entre los robles, las prisas, un vaso de leche, la resaca intensa, la sonrisa imborrable.
Preparar la nevera de camping, nuestras cervecitas, los vasos para el vino -cómo no, rompí uno antes de salir-, la hogaza de pan (qué rico, qué bien sabe esa tierra...), las sillas de tu jardín, tu chupa, la navaja de Taramundi... todo preparado para, nada más llegar tu amigo (¡anda, qué sorpresa! me alegro de verte, ¿te vienes?) subirlo todo al 4x4 y tirar para la sierra.
Los baches, el camino largo, las risas, el sueño que intenta vencerme, mis fotos, los neveros, el toldo que montamos, el libro de carteles de toros, las puestas al día, el montaje, las comunicaciones, el almuerzo de jamón, chorizo, queso y tortilla, las cervezas, un porrito... cogerte la mano y saber que si la felicidad no es eso, se parece mucho.
Un par de fotos conjuntas, abrazados, en los lugares que siempre quisiste enseñarme: como si pudiese ser normal que estemos juntos, como si fuera raro lo contrario.
Siete horas después, la vuelta, la nieve de los atajos, bajarnos del coche y liarnos a bolazos, los habones de la comida, las llamadas de control, el tener que resolver una emergencia mientras yo veía a mis amigos.
Y después, el agotamiento que surge, te quedas en casa, te tiras en la cama y dices que me esperas allí, por una vez nos puede el sentido común y nos permitimos el lujo de desaprovechar la noche conjunta, me voy a casa de mis amigos, como si el tiempo y el espacio comunes no fuese precisamente de lo que más carecemos, como si no pasase nada por no dormir juntos una noche, porque tuviéramos el resto de nuestras vidas para hacerlo.
Y el domingo, como siempre, el nudo que me ahoga, el desyuno conjunto, echar gasolina, el río, tirar piedras, besarnos con necesidad, en este caso hacer el amor, abrazarnos, decirnos de nuevo adiós... dejar planes pendientes (el paseo en quad, ver la obra que estás haciendo en el doblao y que no vi por tanta prisa, una escapadilla que al final no haremos, la mañana tirados en las hamacas de tu jardín que ese domingo dejamos escapar porque tu hijo te esperaba para echaros a la matemática...) y emprender, cada uno, el camino que nos lleva a nuestra rutina, a nuestro supuesto sitio, a lo que, a fin de cuentas, constituye nuestra vida, esa vida que se hace mucho más intensa cuando estamos juntos.
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