miércoles, 14 de marzo de 2012

Me llamas: encantador, arrollador, pletórico, planeando el viernes, una escapada posterior... lleno de sol.
Y, de repente: bueno, venga... y yo terminado de contarte en lo que estábamos.
Y tú de nuevo: venga, te dejo...
Y yo: vale, vale.
Y tú: es que me acabo de encontrar con una persona.

Y la voz de ella.

¿Cómo puedes cambiar el chip de ella a mí, de mí a ella, con tal facilidad?
Supongo que igual que yo oscilo de la felicidad y la alegría al dolor y el estupor en unas pocas horas, incluso en nanosegundos.