Casualidad el encuentro. Casualidad el inicio. Casualidad tantas veces.
Y de nuevo hoy... en estos días extrañamente cercanos, extrañamente porque ha habido un enero cruel de una semana juntos no aprovechada lo suficiente, un arrepentimiento posterior y una promesa de enmienda, y un fin de semana más que planeado de reconciliación que prendió la llama de mi rabia cuando se truncó antes de empezar, que desató la caja de los truenos que solo calmaste echándome un polvo brutal y deseperado en una cuneta mientras decías te quiero como hacía tiempo que no lo hacías (demostrarlo es ya otro cantar), para después seguir llorando de rabia e impotencia. Y solté a borbotones todo: el porqué no poder elegir a quién querer, el porqué tener que conformarme dependiendo de la agenda de ella, de tu hijo, del primo del vecino y del espíritu santo en bicicleta, el todo lo que te quiero pero es el momento de quererme yo, el te toca mover ficha...
Y llega el hoy, tras una semana de llamadas diarias, mensajes, fotos, propuestas y planes... sigo con el alma cruzada muy fuerte, con los dedos de los pies en cruz, para que nada lo joda, pero tengo la insidiosa mosca cojonera de la duda instalada muy profiunda... porque últimamente una mano negra o nosotros mismos provocamos que al final todo desluzca, y no quiero, no quiero, no quiero...
Y no quiero porque en todo estás tú, en las cosas pequeñitas, en casa esquina... he ido a tomar café con un amigo cibernauta al que solo he visto una vez hace un año y otra hoy. Un amigo que es hermano de un amigo tuyo y que cuando he llegado hablaba por teléfono... contigo, con quién no lo había hecho nunca... esta maána había pedido tu teléfono para una cosa de curro.
Al llegar aquí te he llamado, con el alma plena para decirte que esto, mi amor, es casualidad, casualidad, casualidad, casualidad o destino. Yo soy tru destino, aunque a veces te niegues.
Qué tristeza... te he llamado para decírtelo y me has dicho que me llamas ahora... esto me está volviendo tan paranoica que en esas palabras he visto tu miedo irracional cuando algo , o tú mismo como estos días, te lanza a mí... te niegas a ver casualidad y sorpresa, la misma que te flipó al principio, y pones distancia.
Se supone que este fin de semana lo pasaremos juntos, pero con amigas mías el sábado... y también me da pavor la mezcla, la explosión, la no concordancia...
y ya ves, para vivir así, para que me sigan compensando silencios, desplantes, ausencias, escondidas, angustias, paranoias, desbarajustes, arbitrariedades y mierda, tienes que compensar la balanza de lo spros, que son tantos que me duele la sola posibilidad de perderlos... dedícate a ello y no me obligues a renunciar al que sé bien que es el amor de mi vida.
