domingo, 28 de noviembre de 2010

Cuando vuelvo de compartir tu espacio, de estrenar tu nuevo sillón azul en el reducto propio de tu continente, de dormir la siesta abrazados, de comer juntos y con otras compañías, de comprobar de nuevo que nadie me hace llegar al orgasmo como tú, de bailar de coña y descargar muebles y salvar vidas bajo tractores, de usar las mismas coletillas y que se me pegue tu acento, de planear escapadas conjuntas y tu próxima visita, de saborear el pan de centeno que me regalaste y compartir sueños en lotería y copas a medias, cuando vuelvo de todo esto y de mucho más: -menos de lo posible, putos prejuicios que me hacen hacerme la digna desprovechando momentos y mordiéndome las ganas de correr a ti, que me esperabas en tu cama, un poco porque me echaras de menos, un mucho porque no podía dejarte en evidencia ante otros que querían dejarme ante tu puerta, abierta y con las llaves para mí-, cuando vuelvo con tu olor en la pituitaria del alma, me empeño en pensar que esto puede ser posible...
...aunque como el que da la hora me dijiste que ella te preguntó por mí...
...aunque tenga pavor a tus silencios...
...aunque sepa que la vida se empeña en los destiempos...
Porque te quiero, y hoy lo sé más que otros días... hoy, que tras tu partida tu mejor amigo se empeñó en acostarse conmigo, y acabó, tras unos besos desesperados, concluyendo que se acababa de dar cuenta de lo importante que eras para mí... hoy, que ese hombre que me hizo tan feliz y al que dejé por ti se ha metido en mi cama, mientras yo sólo (qué hija de puta...) podía pensar en cómo me gustan tus orgasmos, en que ya no me vale cómo se corre ningún otro...
qué putada.

martes, 16 de noviembre de 2010

En estos días en que he pensado echar raíces en el paraíso, tú has decidido ayudarme: ha vuelto el tú que amé, el que me narra su día, me hace sentirme deseada y querida y me devuelve sonrisas a cada paso.
El puto nosotros cada vez es más difícil, pero hoy hemos decidido que, cuando, como de casi todo en tu vida, haga diez años que nos conocemos, volveremos a amarnos aunque en medio ni nos dirijamos la palabra.
Que nunca pase esto último, que podamos reformular lo que fue eterno y convivir con ello, mirarnos siempre a los ojos y reconocer en el otro a ese alguien que un día nos demostró que la vida merecía la pena.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Otoño.

Al igual que le pasaba a Anais Nin, hay dos modos de llegar hasta mí, los besos y la imaginación. Y efectivamente, la jerarquía implica que los besos llegan después de la imaginación...
pero, ¿qué ocurre ahora, que nos besamos cada vez menos, que cuando lo hacemos, la imaginación desbordante de antaño se quedó en una curva de una carretera cubierta de castañeiros y recuerdos?
En la misma curva en que un día paraste el coche para bailar conmigo un bolero -joder, de eso no hace tanto, amenazaban las sombras, pero seguías destilando magia con tu sonrisa-, ayer encontré el suelo cubierto de hojas de roble y manzanos, que revolví con furia con las uñas esperando encontrarnos tal cual éramos bajo los rastros imparables de este otoño,... el mismo otoño que, al no encontrar más que silencio y viento, se me metió tan dentro que no sé si podré sacarlo...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

De vuelta.

Y REvuelta.
Revuelta por estos seis días físicos en los que hemos encontrado muchos menos huecos de los habituales.
Revuelta por la noche de ayer en tu casa en la que me sentí un poco ella y no me gustó nada, por mucho que en noches de ausencia me muera de envidia.
Revuelta por no poner palabras y cerrar la puerta.
Revuelta porque veo que me empiezas a querer como se quiere a un gato, a una novia antigua o a una esposa segura.
Revuelta porque no soy un gato, una novia antigua o una esposa segura: y en esta historia nuestra de clandestinidad y prohibiciones, no cabe esa rutina... si no lo tengo todo, si he de conformarme de a trozos y a poquitos, me tiene que faltar la respiración, te tiene que faltar la respiración.
Revuelta porque, pese a todo, sigo pensándote, rezando a un dios sordo y cabrón porque la magia vuelva, aunque sé de sobra que no lo hará.
Revuelta porque soy incapaz de ser honesta y asumir mi derrota.
Revuelta porque vuelvo y vuelvo sobre el pasado para intentar entender en qué punto se torció todo...
Revuelta porque vuelvo y vuelvo la cabeza hacia el futuro intentando discernir hasta cuando podremos seguir así, deslizándonos por un oscuro precipicio que de seguro nos conducirá a cargarnos el recuerdo de lo bueno y a no poder volvernos a mirar a la cara...