Cuando vuelvo de compartir tu espacio, de estrenar tu nuevo sillón azul en el reducto propio de tu continente, de dormir la siesta abrazados, de comer juntos y con otras compañías, de comprobar de nuevo que nadie me hace llegar al orgasmo como tú, de bailar de coña y descargar muebles y salvar vidas bajo tractores, de usar las mismas coletillas y que se me pegue tu acento, de planear escapadas conjuntas y tu próxima visita, de saborear el pan de centeno que me regalaste y compartir sueños en lotería y copas a medias, cuando vuelvo de todo esto y de mucho más: -menos de lo posible, putos prejuicios que me hacen hacerme la digna desprovechando momentos y mordiéndome las ganas de correr a ti, que me esperabas en tu cama, un poco porque me echaras de menos, un mucho porque no podía dejarte en evidencia ante otros que querían dejarme ante tu puerta, abierta y con las llaves para mí-, cuando vuelvo con tu olor en la pituitaria del alma, me empeño en pensar que esto puede ser posible...
...aunque como el que da la hora me dijiste que ella te preguntó por mí...
...aunque tenga pavor a tus silencios...
...aunque sepa que la vida se empeña en los destiempos...
Porque te quiero, y hoy lo sé más que otros días... hoy, que tras tu partida tu mejor amigo se empeñó en acostarse conmigo, y acabó, tras unos besos desesperados, concluyendo que se acababa de dar cuenta de lo importante que eras para mí... hoy, que ese hombre que me hizo tan feliz y al que dejé por ti se ha metido en mi cama, mientras yo sólo (qué hija de puta...) podía pensar en cómo me gustan tus orgasmos, en que ya no me vale cómo se corre ningún otro...
qué putada.
