Y entonces, cuando en el aperitivo de Nochebuena muuuuuuuuuuuuuuuuuuchas cervezas corrían por mis venas y los güisquises (^**********!!!!!!... ains, a qué iba??????? el talismán de este blog, ha de ser... cuando iba por aquí justo me llamas, recién (de)vuelto de tu navidazzzzzzzzzzzzz puta navidazzzzzzzzzzz en el país de tu santa esposa, para informarme e informarte, para saberte y saberme,,, pero yo quiero saborearteeeeeeeeee!)... empezaban a hacer su efecto (estoy de nuevo en el aperitivo de Nochebuena), alguien decidió cambiar de garito para continuar con nuestro beben y beben los peces y nosotros en el río y en los bares. Y me enfundé el abrigo, pasé a los chinos a comprar una estupenda peluca rosa y, al ir a sacar los eurillos correspondientes para abonar el atuendo etílico-navideño, vi como mi móvil número 2 (si, ese que en su momento compré pa que a ti te saliera gratis llamarme, ese de tu antigua compañía que fue tu favorito, ese al que, desde ese entonces de hace casi dos años en que te cambiaste tú a la compañía timofónica de mi móvil número 1 no habías vuelto a poner ni un sms, ese mismo que fue exclusivo pa nosotros y todo el mundo desconocía, ese que hoy estoy pensando dar de baja), ese mismo móvil, tenía una luz intermitente indicando un sms... TUYO!!!!!!!!! texto conciso, y a la vez con mucho contenido en nuestra jerga: Feliz Navidad, Viciosilla.
Y mi respuesta, casi dos horas después de su recepción, igual de escueta y con el mismo contenido: Feliz Navidad también a ti, capullo.
Y la sonrisa que me acoplé junto a la peluca rosa chillón por dos motivos: por el mensaje y por el también.
Porque normalmente los tambienes son tuyos: yo también te quiero, yo también te echo de menos, yo también tengo ganas de verte.
Pero esta vez mi silencio dio resultado y la comunicación la iniciaste tú, sin que yo tan siquiera lo esperara, por lo que no estuve perdiendo ni un ápice de tiempo en el aperitivo esperando tus señales.
Y el día postnavidad me llamaste, mientras en el frío de ese país extraño paseabas al perro, y me sonaste taaaaaaaaan cercano que casi se me saltaron las lágrimas.
Hoy has vuelto. Como ya he dicho, acabas de llamarme... y para el 2011 quiero que, sobre todo, quites la ll y te dediques a AMARME.
Yo lo hago. (Amarte, claro, lo de amarme es un pelín más complicao...)
