sábado, 4 de diciembre de 2010

Explícame...

Me he despertado nerviosa, combulsa, encabronada, harta de facilitarte todo, de pensar por ti y allanarte el camino.
Sabes que si algo me descontrola es el no entender, y hoy, no te entiendo.
No soporto estas putas montañas rusas de no puedo vivir sin ti y lo hago, de te llamo y callo, de planeo y propongo para después huir...
Decidí quedarme en mi mundo este puente para evitarte conflictos, para no dar ni la másmínima ocasión al comentario o ala conclusión de ella... quizá a sabuiendas de que, en caso de frente abierto, solo perdería yo.
A cambio, prometiste llamarme nada más llegar, calmar* mi preocupación y sustituir las fotos que no ibas a hacerme de la nieve por la narración de lo que veías... ni siquiera poniéndote un mensaje cinco horas después de la hora supuesta de tu llegada logré nada.
Y me despierto, pues, con una mezcla explosiva de cabreo, miedo, decepción y ganas de ti.
Estás jugando a que yo tome las riendas y rompa la baraja, pero ya ves, sigo siendo ludópata, y no te voy a facilitar todo hasta ese extremo, sobre todo porque luego te empeñas en demostrarme esa cara tuya que adoro, la del tipo que más me hace sentir con un solo gesto.
Sigo creyéndote más honesto, más sincero, mejor persona.
Por mucho que te empeñes no te pega esta pose de cabrón autoimpesta.

(en vez de escribir "calmar" escribí "clamar"... quizá debería clamar más y calmar menos...)