domingo, 27 de febrero de 2011

Te haré caso y no me sentiré sola, ni en esto ni en nada.
Necesito que me abraces para curar la espera.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Me falta el aire, me duele el estómago y los nervios se me instalan en los codos y en la garganta. Llevo así demasiado tiempo, y esta sensación molesta se acrecienta a cada rato.
Ayer, junto a lo que era una buena noticia, un inicio de tu normalidad, me volviste a mencionar el puto feisbuk y yo intuí un nuevo desencuentro por culpa de esas aledañas tuyas que me han puesto en el punto de mira sin piedad ni juicio, haciéndome responsable incluso de lo que no soy... tu respuesta al interrogatorio sobre tu perfil me dejó acojonada: tú no lo entiendes porque te faltan datos y soltura en las redes, pero yo ya veo un muñeco con mi cara en el que hacen vudú, un vudú erróneo que, si fuésemos capaces de preguntar directamente a la fuente correcta, resultaría absurdo.
Es lo malo de los malentendidos, de los sobreentendidos: se ha decidido que soy culpable sin que yo haya hecho nada.
Supongo que yo habría supuesto lo mismo, y entonces, a todas luces, hubiera pensado de mí misma que soy una psicópata peligrosa.
Es tan de coña que si no fuese serio resultaría hilarante.
Creaste un perfil, recuerdo incluso el día, el momento en que me prguntaste unas dudas, y ahora niegas haberlo hecho, por falta de memoria, de interés y de conocimiento de la trascendencia de la pregunta, que busca un motivo más para lapidarme en la plaza pública.
Vi el peligro de cómo están poniéndose las cosas según me lo contabas, intuí un nuevo problema pese a que, la última vez que nos vimos, aseveraste con firmeza que entre nosotros no caben los malentendidos,
Caben: y siempre los provocan los mismos.
Esta mañana te llamé a tu rutina, ya que volvías, y no cogiste el teléfono en toda la mañana.
Me preocupé por si las cosas habían empeorado. Te puse un sms corto y ansioso: ¿todo bien? No ha habido respuesta.
Tengo miedo, y como ya he dicho, estoy nerviosa.
Miedo a un nuevo batacazo, a un nuevo dolor para ti... miedo, también, a que no sea eso sino algo que nos afecte más a nosotros, que se trate de que quieres poner distancia por miedo a lo que esté pasando, y que se me escapa, por culpa de confabuladores ajenos...
Si ha pasado algo y no me necesitas, ni necesitas decírmelo, me duele doblemente: por no llegar a tu dolor, por aumentar los problemas y no servir de consuelo.
Si se trata de la mierda que se empeñan en tirarme, si es eso y te proteges, deberías, al menos, decírmelo.
Sea lo que sea, creo que sería mucho más fácil ponerle cara los fantasmas que tener que enfrentarme, en esta duda, a todos los miedos posibles.
Todo esto me está doliendo demasiado, ahora, precisamente ahora, que el supuesto paraíso toma forma y para entrar en él me estáis poniendo una verja de alambre de espino... tú no, dime que tú no...

lunes, 21 de febrero de 2011

Dedicatoria.

Si alguna vez la vida te maltrata,
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.

Luis García Montero.

Venía esta noche paladeando estas palabras con ecos de otros días, con sonidos de estos mismos.

Qué jodido no poder estar en lo malo, notar cómo se me escurren entre los dedos las dichas de otros días y las lágrimas del hoy.

No sé si esto conduce a parte alguna, mucho menos a puerto seguro.

Sé, en cambio, que si no puedo concebir el futuro sin ti, mucho menos el presente, aunque hoy se reduzca a llamadas de cinco minutos de qué tal va todo y posponer el resto.

Me falta poder darte el abrazo que hoy necesitarías, que hoy, quizá, yo necesite aún más dar que tú recibir.

miércoles, 16 de febrero de 2011

"..como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio..."
Julio Cortázar.

martes, 15 de febrero de 2011

sms

Si me necesitas, silba.
Allí estaré.
Los nervios se evaporaron como cuando soplas un peluso y las partes que componen el preciado tesoro se dispersan en el aire mientras piensas un deseo...
Cinco días conjuntos y plenos.
Cinco días de sueños.
Y volviste, porque no estabas tranquilo...
Y acertaste, por desgracia.
Resuena en mi mente a un compás constante e insidioso el puto en lo bueno y en lo malo que comencé a paladear el primer fin de semana de septiembre, cuando saboreé lo amargo que es no poder abrazarte y apoyarte en lo malo.
Aquella caída sigue con sus secuelas, y desde que volviste de nuestro espejismo las cosas han ido a peor. Tu padre hospitalizado y con nuevos problemas, y yo con mi torpe forma de decirte aquí estoy pa lo que sea, que no sirve de nada.
Hace cinco meses, estaba a unos metros de ti y no pude ayudarte.
Hoy nos separan parecidos kilómetros de los habituales, y mi apoyo se disuelve en tu tristeza.
Mi estómago, como el tuyo, es el que paga mis angustias, que en este caso son el no saber, el temer, el no poder protegerte, el sentirte desvalido y solo.
Hace 24 horas que no hablo contigo, y el miedo a que las cosas vayan aún peor, aumentando tu dolor, me produce arcadas secas.
Sé que sabes que estoy ahí, aquí, allí, donde me pidas que esté,... en silencio o con palabras, con risas o con todas las lágrimas que un día tú me hiciste echar por mis ausencias,... pero siempre temo no llegar, no servirte, no ayudar sino complicar...
y no sé porqué me asaltan imágenes del reloj que te regalé, que en estos cinco días de coger fuerzas y coleccionar sonrisas y besos, se quedó sin pilas y dejaste en la casa en la que me siento en casa... en cuanto llegaste para emprender camino el día de la vuelta, con Zorro moviendo el rabo al, por fin, REconocerme tras estos días, me saltó a los ojos su ausencia y te pregunté si lo habías dejado allí... no sé, algo me pinzó el alma... como si poner pilas a ese reloj fuese dar cuerda a las manecillas de lo bueno...
Déjame acunarte en la tristeza, con o sin reloj, y tratar de devolverte la calma que hoy nos falta.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Nervios.

Según se aproxima el tiempo de verte me voy poniendo nerviosa... (se me ponen los nervios nerviosos, que me dirías tú)
Y no solo de esos nervios que me gustan, de esos que se me agarran en el estómago y me hacen vibrar pensando en tus manos y tu sonrisa, sino también de esos otros que no me gustan nada y se me agarran en los codos y en el cuello, haciéndome sentir incómoda y frágil.
Este tipo de nervios, el que no me gusta, es más producto del miedo que de otra cosa:
miedo a que se rompa la magia, miedo a no exprimir del todo el tiempo conjunto, miedo a romper algo, a que se rompa algo...
Hoy no he hablado contigo, aunque te pedí que me llamaras ya que al final mañana no podías venir, no lo has hecho. Y eso se suma a esta sensacion desagradable.
Tengo que decirte mañana que adelanto mi ida, que el fin de semana será conjunto, y tengo miedo a que eso provoque reticencias ajenas al resto de la semana...
Necesito que me abraces fuerte, muy fuerte, tan fuerte como me prometiste hacerlo cuando hablamos la otra noche, para que se evaporen todos mis fantasmas.