Según se aproxima el tiempo de verte me voy poniendo nerviosa... (se me ponen los nervios nerviosos, que me dirías tú)
Y no solo de esos nervios que me gustan, de esos que se me agarran en el estómago y me hacen vibrar pensando en tus manos y tu sonrisa, sino también de esos otros que no me gustan nada y se me agarran en los codos y en el cuello, haciéndome sentir incómoda y frágil.
Este tipo de nervios, el que no me gusta, es más producto del miedo que de otra cosa:
miedo a que se rompa la magia, miedo a no exprimir del todo el tiempo conjunto, miedo a romper algo, a que se rompa algo...
Hoy no he hablado contigo, aunque te pedí que me llamaras ya que al final mañana no podías venir, no lo has hecho. Y eso se suma a esta sensacion desagradable.
Tengo que decirte mañana que adelanto mi ida, que el fin de semana será conjunto, y tengo miedo a que eso provoque reticencias ajenas al resto de la semana...
Necesito que me abraces fuerte, muy fuerte, tan fuerte como me prometiste hacerlo cuando hablamos la otra noche, para que se evaporen todos mis fantasmas.
