...de entender, así, cuando estoy serena, que el mundo no se interpreta igual, y que lo que para mí es un abismo en el que meto variables de destrucción masiva -si hoy estaba tan escueto es porque ya no me quiere, no entiendo que después de un tequieromásqueanadieymejugaríalavidaporesto pueda volver a su casa como si nada, la realidad es que algo ha pasado...- para ti no tiene trascendencia y puedes seguir al día siguiente queriéndome tanto como siempre.
Lo que tengo que aprender es a ser capaz de entenderlo cuando lo que necesito es que sigas en la cima de la montaña rusa constantemente...
jueves, 17 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
Me declaro incapaz.
Incapaz de desprenderme, de repente, del roce de tu cuerpo.
Incapaz de volver cuando no he acabado de ir.
Incapaz de acostumbrarme al silencio cuando se ha hablado desde el alma, que tengo llena de agujetas de tanto usarla.
Incapaz de entender estos vaivenes.
Incapaz de claudicar o de rendirme.
Incapaz de volver cuando no he acabado de ir.
Incapaz de acostumbrarme al silencio cuando se ha hablado desde el alma, que tengo llena de agujetas de tanto usarla.
Incapaz de entender estos vaivenes.
Incapaz de claudicar o de rendirme.
martes, 15 de marzo de 2011
Miedos y ganas.
Tentando a la suerte, jugueteando con las decisiones las tome el destino, últimamente no es solo que no tomemos precauciones "profilácticas" en nuestras relaciones sexuales, sino que, al menos en las últimas cuatro, te has corrido en mí, dentro, en el agujero en el que sí es posible (aunque improbable) el embarazo.
Improbable por las fechas (menstruación las primeras veces que corrimos el riesgo, fecha teorícamente poco fértil el resto)... aunque atendiendo a que mis reglas últimamente responden a un patrón poco habitual no sé yo... (aunque eso si, tú, que me llevas el calendario marcando el inicio de mis menstruaciones en tu bloc de mesa con un R.A. en rojo has encontrado una pauta de regularidad)
Acaba de bajarme la regla tras tres días de angustia, llanto y tristeza extrema.
Cuando lo he comprobado, he suspirado aliviada.
El mes pasado, sin embargo, no es solo que me sorprendiera, sino que me quedé ojiplática cuando me vi diciendo "joooo" al comprobar el tinte rojo en el papel higiénico... de hecho, un par de días antes de esto escribí aquí aquello de "lo atroz es no saber qué quiero"... me refería a eso, a que últimamente tonteo mucho con la idea de tener un hijo contigo, mucho más incluso que cuando tú me ponías su nombre (de ella) en esemeeses confirmatorios de tus ganas...
Así que aquí ando, revoloteando entre las ganas de dar forma a esto a través de un hijo conjunto y el pavor que me causa el simple hecho de pensarlo.
Improbable por las fechas (menstruación las primeras veces que corrimos el riesgo, fecha teorícamente poco fértil el resto)... aunque atendiendo a que mis reglas últimamente responden a un patrón poco habitual no sé yo... (aunque eso si, tú, que me llevas el calendario marcando el inicio de mis menstruaciones en tu bloc de mesa con un R.A. en rojo has encontrado una pauta de regularidad)
Acaba de bajarme la regla tras tres días de angustia, llanto y tristeza extrema.
Cuando lo he comprobado, he suspirado aliviada.
El mes pasado, sin embargo, no es solo que me sorprendiera, sino que me quedé ojiplática cuando me vi diciendo "joooo" al comprobar el tinte rojo en el papel higiénico... de hecho, un par de días antes de esto escribí aquí aquello de "lo atroz es no saber qué quiero"... me refería a eso, a que últimamente tonteo mucho con la idea de tener un hijo contigo, mucho más incluso que cuando tú me ponías su nombre (de ella) en esemeeses confirmatorios de tus ganas...
Así que aquí ando, revoloteando entre las ganas de dar forma a esto a través de un hijo conjunto y el pavor que me causa el simple hecho de pensarlo.
lunes, 14 de marzo de 2011
Llevo triste, muy triste, excesivamente triste, desde que cerré la puerta al despedirnos. Desde antes, incluso...
Lloré ya, yo que no suelo hacerlo, mientras P. nos contaba sus sensaciones en el desayuno que vino a compartir con nosotros, y seguí llorando por las esquinas ante cualquier comentario, sensación o detalle.
La tristeza es tan densa, y a la vez estoy tan nerviosa, que firmemmente pensé que sólo podía ser algo hormonal, un ataque premenstrual bestial de esos que me dan de vez en cuando... pero la regla sigue sin bajar...
Viniste, tomamos cañas y copas con mis amigos, recorrimos varios bares de mi mundo, nos fuimos juntos a casa, nos reímos mucho, hicimos planes, tuvimos una sesión de sexo prolongadísima cargada de orgasmos (cuatro en la noche, dos en la mañana... ¡me haces temblar de tal forma, capullo!), de confesiones, de tápate los ojos y te lo cuento, de mucha ternura, experimentos y tanto amor que las lágrimas me hacen nudo en la garganta de pensarlo... hubo palabras, muchas, aunque callé alguna duda -la pospuse, más bien-, sintonía absoluta, más planes, más recuerdos... y un tú especialmente amoroso, locuaz, expresivo...
Cuando te fuiste, me deshice.
Supongo que es la inmensa pena de rozar la dicha... la clara sensación de que no quiero un éxito malgastado, que no quiero seguir perdiendo el tiempo disfrutándote a trocitos... te sentí tan cerca, estuviste tan cerca, fue todo tan rodado y tan natural, que me pilló desprevenida tanta felicidad, y puede que la certeza de que eso es lo que quiero (tenerte siempre, en mi mundo o en el tuyo, en el nuestro,, sin ocultaciones...) sea esto que se me atraganta en la gargante haciéndome secarme las lágrimas traicioneras qu eno quiero que broten.
Tengo la certeza de que tanto bueno me ha podido... tengo vértigo, quizá porque pese a todo lo que compartimos, esta ha sido la primera vez aquí, en mi mundo, en que no ha habido que disimular nada, en que era evidente que venías a verme, a quererme, a disfrutarme, no sólo conmigo y con mis amigos más cercanos, sino con todos los que por allí anduvieron, que fueron muchos y no todos muy buenos...
Gracias por venir, por estar, por ser... gracias... pero sigue siendo mi red, no me dejes sola precisamente ahora, que necesito tu hombro para llorar, tus palabraspara consolarme de esta tristeza profunda qu eme asfixia...
Lloré ya, yo que no suelo hacerlo, mientras P. nos contaba sus sensaciones en el desayuno que vino a compartir con nosotros, y seguí llorando por las esquinas ante cualquier comentario, sensación o detalle.
La tristeza es tan densa, y a la vez estoy tan nerviosa, que firmemmente pensé que sólo podía ser algo hormonal, un ataque premenstrual bestial de esos que me dan de vez en cuando... pero la regla sigue sin bajar...
Viniste, tomamos cañas y copas con mis amigos, recorrimos varios bares de mi mundo, nos fuimos juntos a casa, nos reímos mucho, hicimos planes, tuvimos una sesión de sexo prolongadísima cargada de orgasmos (cuatro en la noche, dos en la mañana... ¡me haces temblar de tal forma, capullo!), de confesiones, de tápate los ojos y te lo cuento, de mucha ternura, experimentos y tanto amor que las lágrimas me hacen nudo en la garganta de pensarlo... hubo palabras, muchas, aunque callé alguna duda -la pospuse, más bien-, sintonía absoluta, más planes, más recuerdos... y un tú especialmente amoroso, locuaz, expresivo...
Cuando te fuiste, me deshice.
Supongo que es la inmensa pena de rozar la dicha... la clara sensación de que no quiero un éxito malgastado, que no quiero seguir perdiendo el tiempo disfrutándote a trocitos... te sentí tan cerca, estuviste tan cerca, fue todo tan rodado y tan natural, que me pilló desprevenida tanta felicidad, y puede que la certeza de que eso es lo que quiero (tenerte siempre, en mi mundo o en el tuyo, en el nuestro,, sin ocultaciones...) sea esto que se me atraganta en la gargante haciéndome secarme las lágrimas traicioneras qu eno quiero que broten.
Tengo la certeza de que tanto bueno me ha podido... tengo vértigo, quizá porque pese a todo lo que compartimos, esta ha sido la primera vez aquí, en mi mundo, en que no ha habido que disimular nada, en que era evidente que venías a verme, a quererme, a disfrutarme, no sólo conmigo y con mis amigos más cercanos, sino con todos los que por allí anduvieron, que fueron muchos y no todos muy buenos...
Gracias por venir, por estar, por ser... gracias... pero sigue siendo mi red, no me dejes sola precisamente ahora, que necesito tu hombro para llorar, tus palabraspara consolarme de esta tristeza profunda qu eme asfixia...
sábado, 12 de marzo de 2011
jueves, 10 de marzo de 2011
¡Vienes!
Y después de esa súplica, deseo o ganas encapsuladas (puede,puede,puede!!!!!) vino un lunes en el que querías sorprenderme llegando a mi mundo sin avisar, y cuando ya lo tenías organizado todo una gastroenteritis cabrona afectó a tu sustituto y tuviste que deshacer lo previsto para ir a currar en tu día libre... te lo agradecí igual, sonreí igual, sentí la magia y entendí que, a veces, con la intención basta.
Ayer me propusiste disfrutar de este finde en los lugares comunes, y aunque acepté gustosa y quedé en organzarme e intentarlo, he pasado la noche intranquila pensando que igual no era una buena idea... por primera vez en todo este tiempo la precaución se ha instalado en mi mente, y una voz persistente me empujaba a decirte que igual era mejor dejarlo...
He venido a trabajar pensando qué hacer, si desoír los miedos o pisotearlos con saña.
He diseccionado la sensación tratando de gritarme que era irracional, que no iba a ocurrir nada que me hiciera arrepentirme de haber ido, pero la voz, en vez de callarse, iba en aumento: sé prudente, ahora no, no es el momento, y si ella aprece por sorpresa, y si...
Y tú, desconocedro de esto, me llamas en pleno debate de mis gaas y mis miedos, para decirme que vienes tú a mi mundo, a mi cama y a mis besos, que dispondré de ti en mi mundo en poco más de 24 horas...
No sabes bien las ganas que tengo de ti, las ganas que tengo de que te quedes para siempre.
Ayer me propusiste disfrutar de este finde en los lugares comunes, y aunque acepté gustosa y quedé en organzarme e intentarlo, he pasado la noche intranquila pensando que igual no era una buena idea... por primera vez en todo este tiempo la precaución se ha instalado en mi mente, y una voz persistente me empujaba a decirte que igual era mejor dejarlo...
He venido a trabajar pensando qué hacer, si desoír los miedos o pisotearlos con saña.
He diseccionado la sensación tratando de gritarme que era irracional, que no iba a ocurrir nada que me hiciera arrepentirme de haber ido, pero la voz, en vez de callarse, iba en aumento: sé prudente, ahora no, no es el momento, y si ella aprece por sorpresa, y si...
Y tú, desconocedro de esto, me llamas en pleno debate de mis gaas y mis miedos, para decirme que vienes tú a mi mundo, a mi cama y a mis besos, que dispondré de ti en mi mundo en poco más de 24 horas...
No sabes bien las ganas que tengo de ti, las ganas que tengo de que te quedes para siempre.
martes, 1 de marzo de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
