lunes, 14 de marzo de 2011

Llevo triste, muy triste, excesivamente triste, desde que cerré la puerta al despedirnos. Desde antes, incluso...
Lloré ya, yo que no suelo hacerlo, mientras P. nos contaba sus sensaciones en el desayuno que vino a compartir con nosotros, y seguí llorando por las esquinas ante cualquier comentario, sensación o detalle.
La tristeza es tan densa, y a la vez estoy tan nerviosa, que firmemmente pensé que sólo podía ser algo hormonal, un ataque premenstrual bestial de esos que me dan de vez en cuando... pero la regla sigue sin bajar...
Viniste, tomamos cañas y copas con mis amigos, recorrimos varios bares de mi mundo, nos fuimos juntos a casa, nos reímos mucho, hicimos planes, tuvimos una sesión de sexo prolongadísima cargada de orgasmos (cuatro en la noche, dos en la mañana... ¡me haces temblar de tal forma, capullo!), de confesiones, de tápate los ojos y te lo cuento, de mucha ternura, experimentos y tanto amor que las lágrimas me hacen nudo en la garganta de pensarlo... hubo palabras, muchas, aunque callé alguna duda -la pospuse, más bien-, sintonía absoluta, más planes, más recuerdos... y un tú especialmente amoroso, locuaz, expresivo...
Cuando te fuiste, me deshice.
Supongo que es la inmensa pena de rozar la dicha... la clara sensación de que no quiero un éxito malgastado, que no quiero seguir perdiendo el tiempo disfrutándote a trocitos... te sentí tan cerca, estuviste tan cerca, fue todo tan rodado y tan natural, que me pilló desprevenida tanta felicidad, y puede que la certeza de que eso es lo que quiero (tenerte siempre, en mi mundo o en el tuyo, en el nuestro,, sin ocultaciones...) sea esto que se me atraganta en la gargante haciéndome secarme las lágrimas traicioneras qu eno quiero que broten.
Tengo la certeza de que tanto bueno me ha podido... tengo vértigo, quizá porque pese a todo lo que compartimos, esta ha sido la primera vez aquí, en mi mundo, en que no ha habido que disimular nada, en que era evidente que venías a verme, a quererme, a disfrutarme, no sólo conmigo y con mis amigos más cercanos, sino con todos los que por allí anduvieron, que fueron muchos y no todos muy buenos...
Gracias por venir, por estar, por ser... gracias... pero sigue siendo mi red, no me dejes sola precisamente ahora, que necesito tu hombro para llorar, tus palabraspara consolarme de esta tristeza profunda qu eme asfixia...