Incapaz de desprenderme, de repente, del roce de tu cuerpo.
Incapaz de volver cuando no he acabado de ir.
Incapaz de acostumbrarme al silencio cuando se ha hablado desde el alma, que tengo llena de agujetas de tanto usarla.
Incapaz de entender estos vaivenes.
Incapaz de claudicar o de rendirme.
