Y después de esa súplica, deseo o ganas encapsuladas (puede,puede,puede!!!!!) vino un lunes en el que querías sorprenderme llegando a mi mundo sin avisar, y cuando ya lo tenías organizado todo una gastroenteritis cabrona afectó a tu sustituto y tuviste que deshacer lo previsto para ir a currar en tu día libre... te lo agradecí igual, sonreí igual, sentí la magia y entendí que, a veces, con la intención basta.
Ayer me propusiste disfrutar de este finde en los lugares comunes, y aunque acepté gustosa y quedé en organzarme e intentarlo, he pasado la noche intranquila pensando que igual no era una buena idea... por primera vez en todo este tiempo la precaución se ha instalado en mi mente, y una voz persistente me empujaba a decirte que igual era mejor dejarlo...
He venido a trabajar pensando qué hacer, si desoír los miedos o pisotearlos con saña.
He diseccionado la sensación tratando de gritarme que era irracional, que no iba a ocurrir nada que me hiciera arrepentirme de haber ido, pero la voz, en vez de callarse, iba en aumento: sé prudente, ahora no, no es el momento, y si ella aprece por sorpresa, y si...
Y tú, desconocedro de esto, me llamas en pleno debate de mis gaas y mis miedos, para decirme que vienes tú a mi mundo, a mi cama y a mis besos, que dispondré de ti en mi mundo en poco más de 24 horas...
No sabes bien las ganas que tengo de ti, las ganas que tengo de que te quedes para siempre.
