martes, 26 de enero de 2010

Eme y mi canibalismo feroz.

Eme me da hambre.
Pensar en él, en su ausencia, en mis ganas de él, me descoloca y me empuja a comer.
Supongo que como me le comería entero, cosa que hago cada vez que podemos, el llevar un tiempo sin tener más que sexo telefónico con él me empuja al chocolate.
Pero si puedo (aunque no quiera) vivir sin él a mi lado, también lograré controlar mis impulsos devoradores de sustitutivos calóricos...
(de Eme, de lo que supone, de lo que "pesa" en esta historia, ya hablaré otro día, hoy tengo el día ploff, de esos en que le echo especialmente de menos...)

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