domingo, 17 de enero de 2010

Hoy, yo no soy yo sin alcohol.

Hoy celebraba M. su cumpleaños, y ayer P.
Suelo pensar que si me cohibo en esas situaciones tengo un plus que necesariamente ha de repercutir en la báscula...
esta mañana me encabroné cuando vi que había engordado 500 gramos.
En esos momentos no pienso en las patatas bravas, la oreja, los huevos rotos o el pan que comí. Pienso en las cervezas que no tomé, en los güisquis que dejé de beber. ¡Y me indigna que eso no se vea reflejado en, al menos, dos kilos menos! Porque coño, controlarme en una fiesta tendría que tener premio...
Hoy volví a comer sandwiches, pan, embutidos, incluso tarta.
Aún así, siento que estoy a dieta...
Mañana me despertaré, y al pesarme, me sentiré indignada: porque lo único que me pesa son las copas que he dejado de tomarme, las mismas que me han hecho venirme a casa incluso con los bongos y la guitarra sonando.
Definitivamente, hoy por hoy, no sé divertirme sin alcohol.

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