No puedo seguir viviendo con miedo, y últimamente lo hago.
Desde que cada cual llegamos el sábado a nuestros "destinos" (¿Son nuestros mundos aparte nuestros destinos, o lo es en cambio el tiempo compartido?), desde que la distancia nos puso a cada uno en "nuestro sitio" (ja) haciendo que se convierta en recuerdo una nueva escapada conjunta más, no sé nada de ti.
Sé, sí que sé: que te mandé dos sms, que lucías la noche del sábado la cazadora de cuadros negros y rojos que sólo algunas noches de invierno usas, ésa que tiene poco que ver contigo y tu estilo habitual. Sé que te subiste a casa llevando a tu familia y a la de tus amigos, tras pasar un buen rato en la barra del bar y ellas, como casi siempre -no la noche anterior en la que tú no estabas- en la mesa.
Saber no me ayuda: conocer de ti por otros -otra, en este caso-, me da más desazón y envidia que otra cosa, y eso que tu jueves y tu viernes fueron míos.
Y sé que es lunes, ese lunes en que suelen comenzar todos los propósitos de año, y que he decidido llamarte sin dejar que tu silencio se alargara más, y que lo he hecho como manera de exorcizar fantasmas, pues llevo desde que volví rumiando una opaca sensación a malentendido venidero...
y, en vez de calmarme, mi llamada me ha desasosegado más: tras mi buenos días eufórico (algo forzado, sí, pero eso solo lo sé yo), tú únicamente has dicho: "eh,... te llamo yo", con un tono de voz rotundo y fuerte.
Cualquiera que me lea, si es que alguien lo hace, pensará que saco concluisones precipitadas y absurdas sin ningún motivo, que tu respuesta se deberá al exceso de trabajo o a una reunión urgente.
Me temo que no es así.
No hay motivos para tu silencio, pero como he empezado escribiendo, últimamente tengo miedo a todo: a la mala hostia ajena, a cualquier palabra a destiempo que conduzca a un nuevo malentendido.
Sé positivamente que así no se puede, pero ahora, hoy, en estos tiempos en que volvimos a pegar lo roto por el único malentendido anterior, yo sé que me he quedado sin defensas, que me he vuelto a exponer del todo, y que, sin embargo, tú, pese a tus detalles, tus esfuerzos y todo lo bueno que vivimos juntos, ahora ya no te deshaces por dentro.
Disfrutas conmigo, seguimos teniendo un sexo espectacular, reímos mucho, escuchamos música, compartimos anécdotas y momentos, hacemos planes... pero todo es inmediato, ya no hay un plan de acción o un futuro y un horizonte al que llegar.
Callamos más de la cuenta, moderamos expresiones de afecto, y eso es jodido, rematadamente jodido y significativo.
Me temo -es más miedo que temor- que se va a abrir, que se ha abierto, otra grieta en todo esto.
Y, como siempre, cuando no entiendo, tiemblo.
Cuando no sé qué he hecho mal, dónde está el fallo, qué tengo que corregir o explicar, me desarmo y me descontrolo.
No puedo entender qué empuja a, después de casi tres días redondos, crear una distancia inmensa.
Puede que me llames luego (ojalá) pero creo que no va a ser así... y sé cómo continúa el ciclo: esperaré, me desesperaré, mandaré sms de no lo entiendo, seguirá habiendo silencio, te llamaré... y volveré a esperar, a desesperar, hasta que tú decidas, si decides, volver de nuevo... y lo harás con tu sonrisa amplia, algo culpable, y yo te faciltaré el retorno, intentando saber qué ocurrió, pero resignándome a tu silencio, a tu dejar pasar el tiempo como única manera de (no) aclarar...
Estamos poniendo demasiadas de estas minas en esta historia, nosotros, que si fuimos algo fue palabra y expresión.
Resuena la puta canción del verano:
que esto se pierde y es difícil de encontrar...En este lunes de hacer propósitos, o más bien de empezar los ya hechos, no entraba en mis palnes tener que empezar a defenderme de ti.
Al contrario: pretendía un 2011 de acercamiento y reparación, de aumentar los espléndidos momentos conjuntos y disminuir los escasos pero profundos malos rollos que el 2010 nos trajo. Pretendía la vuelta a un año impar, que se nos dan mejor...
Mis propósitos consisten en, de nuevo, adelgazar y quereme más... pero, por ahora, no quiero quererme más queriéndote menos, aunque a este paso parece que hacerlo se va a convertir en requisito indispensable...
"Mientras no te haga(s/n) daño..." es algo que he escuchado mucho refiriéndose a nosotros.
Hasta hace como seis meses todo fueron alegrías. Después ha habido baches, pero creía que estábamos en la buena senda...
Hoy, aún, no soy capaz de renunciar a ti.
Hoy, aún, sigo soñando con algo que desde hace un tiempito sé prácticamente imposible, pero a lo que no me resigno: quiero un futuro contigo.
Hoy, aún, tengo pánico a perderte...
pero si pasa, si te pierdo, quiero que sea con palabras yun cierre merecido, no con una sensación mortal de no saber causas y azares...
(Ojalá este post sea una tirita puesta antes de la herida, pero algo me hace pensar que no es así...)