martes, 11 de enero de 2011

Hábitos.

Dejar un hábito, cualquiera, es complicado.
Ahora, cuando me acodo en la barra de un bar, escondo la cajetilla de tabaco en un bolsillo porque sé que, de lo contrario, la inercia va a conseguir que cometa, sin pensarlo, la osadía de desafiar la ley fumando -al menos encendiendo el cigarro- en espacios cerrados.
En los últimos días, al llegar a casa lo primero que hacía, mientras encendía el pc, era atracar la caja de bombones engullendo tres o cuatro seguidos. Como la caja era grande, aún quedan piezas para cinco o seis asaltos, y tengo intacta una apetecible caja de bombones ucranianos de chocolate negro.
Romper el hábito del chocolate tampoco va a resultar fácil.
Ayer, con un gran esfuerzo, bebí seis coca-colas light sorprendiendo al camarero que, al vernos entrar ,ya se disponía a tirar dos impecables y apetecibilísimas cañas. Mantener mi enero sin alcohol no va a ser tarea sencilla...
Y a fin de cuentas, tú, además de otras muchas cosas, también eres un hábito: las tres o cuatro llamadas matinales, los sms, la organización de los planes y las vacaciones... acostumbrarme al silencio no va a ser para nada agradable ni simple.